Rock rolinga, fuerte y al medio, canciones divertidas, enérgicas y bailables. Aquellos inicios de los Ratones marcan una aparición con estilo y la incorporacion del sonido stone en la Argentina, algo replicado por muchas bandas después pero con muy mal gusto en general, salvo excepciones.
El mejor disco de los Black Keys después de mucho tiempo. Un álbum de versiones muy bien encaradas que traen de vuelta ese sonido sucio y roñoso de los primeros trabajos del grupo. Larga vida al Blues.
La facilidad que tiene Dylan para narrar historias dentro de sus canciones es asombrosa. Intercalando blues y folk, a lo largo del disco, se traza un hilo conductor marcado por el desconcierto, el cinismo y la sensación de avanzar sin un rumbo claro. Si ese camino tuviera una ubicación geográfica, no podría ser otra que la Ruta 61: la ruta del blues, pero también la ruta de la desolación.
Disco largo pero consistente, con una primera mitad donde la mayor parte son todos hits y una segunda parte que atesora grandes momentos. Pasajes de rock con riffs hipnóticos que lo someten a uno en estado de trance, canciones hiteras que derrochan sensualidad como Little Sister, hasta momentos de calma con voces de Mark Lanegan incluidas que te dejan en la penumbra de alguna noche fría frente a una fogata.