El odio que le tengo a Mago de Oz es casi tanto como el que le tengo al Mago de Oz.
Álbum divertido y creativo que refleja muy bien la idiosincrasia de la juventud "indie" bogotana.
Aunque es un buen debut, con sus 34 minutos se va quedando corto de ideas hacia el final.
Es como si el personaje de Charlie Day en It's Always Sunny in Philadelphia hubiese escrito un álbum.