Pienso que el jazz es como la poesía, ambos renegados en mundos mucho más inmensos, ásperos y perfectos. Para mí, las personas que reniegan del jazz reniegan de la poesía, y viceversa. Han nacido para darle un golpe precioso a lo establecido, una revolución sin derramar una gota de sangre. No sé, capaz me estoy volando, pero escuchar a Miles Davis fue como leer a Bécquer.
Pd: "Flamenco Sketches" es para encuadrar.